jovenes

Wednesday, April 12, 2006

Teníamos una misión, evangelizar silenciosamente, hacer entrega de 5.000 tratado (trípticos) en Yumbel, el día 20 de Marzo (el 20 chico), día en que nuevamente los Católicos celebran a San Sebastián en el año (20 de Enero), pagan sus mandas, cumplen con sus promesas, sacrificios y todo lo que conlleva a esta festividad en donde concurren entre 350.000.- a 500.000.- feligreses.

Dicho tratado principalmente consistía en hablar del amor de Dios y tratar de inculcar que no necesitan intermediarios para llegar al Padre, partiendo de la base en lo que Jesús dijo; "Yo soy la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por Mi". Pensamos en un principio en 1.000 tratados, luego 2.000 y luego sin querer y por un monto conveniente en dinero terminamos en 5.000.- (ver tratado)

Sabíamos que la misión seria complicada, difícil y podríamos tener varios problemas, entendiendo además que entraríamos en tierra y potestad del enemigo, por lo cual deberíamos ser muy precavidos y no podríamos hacerlo sin antes someternos, deberíamos orar y entrar en ayuno, en fin, como grupo entrar en comunión con Dios y realizar un pequeña vigilia la noche anterior.

Luego de haber recibido las bendiciones y la oración de la Iglesia en el Servicio del Sábado 18, 10 valientes jóvenes partimos el Domingo 19 a las 20:40 horas desde Concepción en Bus hacia mi campo, distante a 10 Km. de Yumbel, donde vigilaríamos, oraríamos, cantaríamos y doblaríamos los tratados, en fin nos preparamos para cumplir con nuestra misión.

Llegamos a mi campo, tomamos once y empezamos a doblar los tratados, luego subimos a un cerro de noche, oramos y luego cantamos y ya siendo casi las 3:30 am. sentimos el llamado y de inmediato concurrimos a cumplir con Dios, salimos de mi campo rumbo a Yumbel.

Al entrar a Yumbel, nos dimos cuenta de la realidad, a esa hora había una gran cantidad de buses por todos lados, muchas gente y nos dimos cuenta que era el 20 de Marzo y cada vez mas mientras íbamos entrando a Yumbel, un silencio nos invadió.

Deberemos conocer todos el terreno y al enemigo, por lo que nos separamos en dos grupo y dimos una vuelta por Yumbel y entramos al campo de oración, al santuario, debíamos conocer al santo, a San Sebastián, deberíamos conocer esa imagen, deberíamos conocer la idolatría y el motivo que conlleva a la reunión de tanta gente, deberíamos conocer el entorno y todo el submundo que rodea dicha festividad, el comercio, el paganismo.

Asombrados de todo ese submundo y conocer al enemigo, con fe aunque muy cautelosos y con
algo de temor, deberíamos empezar hacer entrega de los tratados, deberíamos empezar a evangelizar, era difícil, el ambiente estaba tenso, había una lucha espiritual, mas de alguno de nosotros estabamos casi aterrados y nos costaba dar el primer paso, y luego de sentir a nuestro Señor, sentir que no estabamos solos, respirar profundo, cerrar los ojos y sentir que el Espíritu Santo estaba con nosotros, comenzamos siendo casi las 5:30 am, con credencial al pecho y de pronto no nos dimos cuenta como fuimos entregando, cada cual a su manera, y amaneció y ya habíamos hecho entrega 3.500 tratados y sin problemas alguno, ya eran las 7:00 am.

Tomamos la decisión de parar, teníamos que tomar desayuno, venimos preparado cada cual con su bolsa con Yoghurt, Pan con queso, galletas, jugo, así es que en un reponedor descanso, aunque el cansancio y el sueño a muchos los invadió, pero teníamos las fuerzas del motivo por el cual estabamos en ese lugar.

Continuamos y nos fuimos a la plaza y entregamos el resto de tratados que nos quedaba, claro que tuvimos que apartar 250 para un hermano de la iglesia que venia con su señora a ayudarnos (aunque ya no era necesario) y sin darnos cuenta ya habíamos terminado, ya eran las 10:00 am.

Contra todo pronostico, jamás hubiéramos pensado que no tendríamos ningún problema, que la entrega seria en forma fluida, que terminaríamos temprano y muy victorioso.

Cada uno de nosotros hizo lo suyo, cada uno vivió eso a su manera, cada cual tiene su experiencia y cada cual hizo entrega de los tratados como lo estimo necesario, una hermana muy dulce y angelical, se le acercaba muy sutilmente a las personas y les decía con su voz dulce "Buenos Días, quiero compartir una refección contigo", ¿quien podría decirle que no?, un hermano muy seguro se acercaba a la gente y les decía "Que Dios le Bendiga" y le entregaba el tratado, en mi caso (fui el que menos entregue, claro que tenia a cargo al grupo y sentía la responsabilidad de todos y tenia que estar pendiente de todo y de todos, esa fue mi excusa) yo busque, seleccione a la gente con un cierto rango, y al elegirla me acercaba y le mostraba el tratado en su cara principal, donde decía "Jesús Dijo, "Yo soy el camino la verdad y la vida, Nadie viene al Padre si no es por Mí", ahora ellos elegían si lo tomaban o no, fueron muy pocos lo que rehusaban la palabra de Dios, en fin, éramos 10, con caracteres distintos y cada cual hizo lo suyo, lo importante es que cumplimos.

Ya el cansancio nos invadió a muchos, no habíamos dormido nada y el calor, el cansancio no invadió, y como todo trabajo tiene su paga, un rico asado nos esperaría en el campo, totalmente merecido y seria muy reconfortante, ya que la misión estaba cumplida, ahora lo m{as importante era que la semilla que habíamos sembrado cada uno, haya caído en tierra fértil y ahora nuestro Señor haría el resto, ese fue nuestro principio y esperamos que así sea, queremos salvar nuevas almas para nuestro Padre.
En una canción encontré la motivación y el reflejo de lo hicimos e intente que fuera el himno de esta misión;
Enciende una luz, déjala brillar,
la luz de Jesús, que brille en todo lugar,
no la puedes esconder,
no te puedes callar ante tal necesidad,
enciende una luz en la oscuridad, ....
... Como pues invocaran a aquel en el cual no han creído
y como creerán en aquel de que no han oído
y como oirán si nadie les predica..
hermosos son los pies, de los que anuncian las paz,
las buenas de Jesús (Romanos 10.14)

Al llegar a mi casa, en el campo, los angelitos del Señor cayeron presa de todo cansancio, me reconforte ver mis hermanas dormir y sentí una gran paz verla descansar, sentí que si habíamos cumplido y que todo valió la pena, valió la pena ayunar, valió la pena orar, valió la pena vigilar y el cansancio era el resultado y la consecuencia de todo.

Todo tiene un propósito y consecuencias, cada cual tiene su experiencia, pero otra cosa importante es que salimos muy fortalecidos como grupo, nos conocimos más como hermanos y como personas, el afecto que nos sentíamos aumento.

En lo personal me siento muy contento, ya que resulto todo bien, mejor de lo planeado y me reconforta saber que cumplimos, aunque confieso que me estrese, estaba a cargo del grupo.

Ahora solo queda darle las gracias al Señor, por cuidáramos y permitirnos cumplir con la misión, con su obra y nos queda pedirle que de los 5.000 tratados entregados una gran cantidad haya sido leídos y aceptadas y que haya caído en tierra fértil y sea regado por nuestro Señor.

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